Un sueño hecho realidad

Yo lo único que quería era un cambio. Después de estar desde los tres años en el mismo colegio, quería algo nuevo, algo diferente. No pretendía cambiarme de colegio para siempre y dejar a mis amigas de toda la vida, pero la idea de irme tan solo un año a estudiar a un internado fuera de España, fuera de la rutina, de mi familia y de mis amigos, me parecía una maravillosa idea que se convirtió en la ilusión de mi vida, en un sueño. Después de todo sólo sería un año.

Al principio mis padres se lo tuvieron que pensar mucho y sinceramente me costó bastante convencer a mi padre, ya que soy la niña pequeña de la casa, la única chica, y tan sólo tenía 15 años, por lo que aún no quería admitir que estuviera un año lejos de él.

Tras varios meses convenciéndoles, viendo todas las opciones que podría  tomar en vez de irme al extranjero, conseguí que me dejaran. Sin embargo, seguían insistiendo en que lo pensara. Yo en cambio, no necesitaba pensarlo dos veces; ya que el hecho de conocer otras culturas, experiencias nuevas, estar noche y día con gente que en un futuro serian mis amigos, reforzar un idioma que me serviría mucho para mis años próximos y simplemente por un año, era perfecto. Astex nos ayudó a convencernos definitivamente de que esto era lo mejor.

El último día en España estaba como en una nube, por fin mi sueño se iba a cumplir. A pesar de lo contenta que estaba y por los nervios que tenía, esa noche no podía dormir y todo lo negativo y los miedos que me habían metido mis padres y amigos que ya habían estudiado fuera, me vinieron a la cabeza, incluso llegué a pensar en no ir. La angustia se apoderó de mí. Me acuerdo cómo mi cabeza me decía que me quedase en España, con mi familia y amigos, en mi rutina, pero algo dentro de mi cogió fuerzas para seguir adelante con mi sueño y quitar todos los miedos.

Una vez llegué al colegio, mis ojos se dilataron, el corazón me iba a mil, nunca me pude imaginar que yo pudiera estar en este lugar.

Por fin, mi sueño se había hecho realidad.  La forma en la que me acogieron no tiene palabras, era como si ya me conocieran de antes, hicieron que todos mis malos pensamientos que tuve la noche anterior desaparecieran. Fue maravilloso.

Siempre me acuerdo cuando mis padres y mis amigos me metían miedo, me decían que iba a ser difícil al principio, que me costaría acostumbrarme… muchas cosas que después de todo a mi nunca me pasó. Será por la forma del colegio, o tal vez por cómo soy yo, no lo sé, lo único que sé es que no me costó nada acostumbrarme, cogí todo el primer día.

Para ser sincera, me costó un poco la forma de estudiar, los trabajos en equipo, lo poquitos que éramos en clase, pero como todo era mejor de lo que yo conocía, enseguida cogí el tranquillo.

Poco a poco cogí el gustillo a todo el mundo, hice nuevos amigos de los que en un futuro nunca me olvidaré, me acostumbré a todo, hasta a la comida, ya que no tenía más remedio si quería seguir adelante con mi sueño y no dar marcha atrás.

A pesar de todo, hubo unos días duros (bueno no se pueden llamar duros), sino que cuando mis amigas me contaban sus planes, la mayoría seguían de vacaciones de verano o cuando mis padres me decían que cuando quisiese podía volver, me entraban las dudas o lloraba un poco, nunca pensé que les echaría de menos. Pero siempre encuentras en el cole alguien que está como tú o a alguien que te anima a hacer algún plan distinto y todas tus penas desaparecen. Tampoco quería rendirme ni pensar que el sueño de mi vida era irreal y diré que esto sólo fueron los primeros días.  Es increíble cómo el director, los profesores y los compañeros que llevan más años aquí se preocupan porque estés contenta, hagas un grupo, conozcas a todos los que viven contigo, que estés a gusto por todo el colegio como si fuera tu casa.

Pasaron varias semanas y veía que mí día a día era mucho más feliz que el de los años anteriores. Eso de desayunar, cenar, estudiar…todo con tus amigos, no lo cambiaría por nada en el mundo, ya que es más que alucinante.

Sobre el sistema educativo, tengo que decir que no es ni más fácil ni más difícil que el español. Al principio es difícil, pero como todos los demás, aún así una vez cogido el ritmo de estudiar a diario, no sólo el día anterior a los exámenes, todo es más fácil; sobre todo si tienes a los profesores a la vuelta de tu casa, a los que puedes pedir ayuda en cualquier momento.

¿Qué me llevo conmigo después de este maravilloso año? Siempre he dependido de mi madre para hacer cualquier cosa, ahora he aprendido a no depender tanto de nadie, sólo de mi misma. Cosas como irte de compras con tus amigos, pedir pizza en los días en los que la comida del colegio no te gusta, ordenar tu cuarto todos los días (ya que no duermes sola), hacer la cama, meter toda la ropa en un armarito, poner la lavadora… mil y un ejemplos que me sirven para tener claro que este año en Inglaterra no lo cambiaría por nada en el mundo.

Pero lo que de verdad me llevo conmigo para el resto de mi vida es: el refuerzo de un idioma distinto al mío, amigos de todo tipo de países, momentos inolvidables que si no fuera por este año, nunca podría haberlos vivido; un nuevo pensamiento sobre otras culturas que después de todo, es lo más importante como tema personal y una madurez impresionante…todo esto y mucho más me ha reforzado, tanto académicamente como personalmente.

Por lo que aconsejaría a todo el mundo adolescente, que se de un respiro, que jamás piensen que salir a estudiar fuera es un castigo y que piensen en su futuro, que después de todo siempre se necesita un cambio.

Sinceramente, por mí, me quedaría a acabar el bachillerato, pero en su día prometí a mi padre que volvería a casa en cuanto menos se lo esperase y que sólo sería un año. Esto es lo que me hace disfrutar aún más de lo que me queda de este ÚNICO y MARAVILLOSO año escolar en Tasis, Londres.

Patricia Maldonado Suárez

4º ESO

Puntuación
[Total: 0 Media: 0]
No hay comentarios

Escribe un comentario