¿Qué nivel tienen las pruebas de nivel?

“No lo entiendo, – me confiesa un tanto desesperada Marisa, la directora de formación de un importante grupo bancario – el año pasado hicimos pruebas de nivel a todos los participantes en el programa de idiomas y lo único que he recibido durante el año han sido quejas sobre discrepancias de nivel en las clases. ¿Nos podéis ayudar con esto? ¿Qué hay que hacer para que la prueba sea más fiable?”

Lo primero que tenemos que reconocer es que mucha gente aprende idiomas de maneras muy dispares. Os cuento dos ejemplos que sirven para ilustrar dos filosofías totalmente opuestas. Dos de los trabajadores de la empresa de Marisa hicieron la misma prueba de nivel y obtuvieron el mismo resultado. No obstante, al poco de comenzar las clases resultaba patente que no debían estar en el mismo grupo. ¿Dónde estaba el problema?

Por un lado, Javier, técnico informático, aprendió inglés “liándose la manta a la cabeza” y mudándose a Londres durante un año. Una vez allí, estudiar, lo que se dice estudiar, estudió más bien poco, pero trabajó en una hamburguesería y se relacionó principalmente con hablantes nativos. En resumen, Javier entiende perfectamente a cualquier británico, habla con fluidez aunque cometiendo errores garrafales y su punto débil es la estructura y la escritura.

Maribel, una de las secretarias del banco, se situaría en el extremo opuesto. Comenzó estudiando inglés en el colegio y asistiendo a una academia en clases en grupo y posteriormente se matriculó en la Escuela Oficial de Idiomas de su localidad donde obtuvo un conocimiento amplio de la estructura del idioma, pero apenas tuvo ocasión de hablarlo. Como resultado, Maribel maneja la gramática a un excelente nivel, está muy familiarizada con las pruebas de nivel escritas en las que invariablemente saca puntuaciones altas…. Y se encuentra totalmente perdida en una conversación entre hablantes nativos.
No cuesta entender la raíz del problema. Las pruebas que realizaron ambos eran ESCRITAS, para luego juntarlos en grupos en los se les iba a pedir paridad en su nivel ORAL. Y la solución es obvia: por subjetiva que parezca, la prueba oral es más fiable. Una prueba oral será realizada por un formador experimentado que no solo medirá la fluidez del estudiante, sino que le irá forzando a utilizar estructuras cada vez más complejas, hasta evaluar su nivel, no solo en aspectos obvios como la fluidez, sino también en la precisión en el uso del idioma. De haber hecho una prueba como esta, Javier y Maribel no hubiesen acabado en el mismo grupo, con el subsiguiente descontento.
Por supuesto, estamos hablando de pruebas de nivel que tienen el único propósito de establecer grupos dinámicamente homogéneos. Habría mucho que decir sobre si realmente existen dos personas con exactamente el mismo nivel en un segundo idioma, o sobre si este tipo de pruebas sería la mejor opción para otras situaciones. Seguramente que de eso hablaremos en posteriores posts.

Pero, para quienes gestionáis programas de formación en idiomas, este es un buen comienzo; al menos un escalón por encima de la típica prueba de selección múltiple. En ASTEX llevamos años defendiendo el sistema con buenos resultados.
Ya nos contaréis qué os parece.

David Warner

Director de ASTEXPRO

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