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La enseñanza de inglés para ejecutivos de empresa

¿Te conformas con subir un nivel? 

Hace pocos meses una directora de formación de una conocida empresa aseguradora me pidió un plan de choque para un ejecutivo de su empresa.

La situación de partida os resultará familiar. Directivo cercano a la cincuentena, que ha estudiado inglés intermitentemente sin llegar a pasar nunca del “intermedio alto”. Tampoco la necesidad de aprender idiomas había sido nunca una necesidad urgente, por cuanto la empresa se movía principalmente en el ámbito doméstico.

Pero ahora la empresa tiene planes de abrirse al mercado internacional y eso supones que todos los directivos tendrán en poco tiempo que conducir reuniones y hasta negociar en inglés. Algunos incluso ven peligrar su puesto …

Y aquí es donde empiezan a surgir discrepancias.

El plan que propongo para nuestro directivo consistirá en:

 A esto, y con cierta lógica, me pregunta la directora de formación: “¿Qué nivel habrá alcanzado cuando acabe el programa?”.

La respuesta honesta sería quizá sorprendente: “No habrá cambiado de nivel”, pero mejor no se lo digo, ¿verdad?

¿Por qué no siempre se avanza en las clases de inglés?

En realidad, el primer objetivo de nuestro directivo desesperado no es académico, y por ello no se mide en niveles. En este caso el plan de formación consiste en que recicle el idioma que ya estudió en su momento y orientarlo hacia su área de trabajo. Probablemente su profesor no seguirá un plan de estudios propiamente dicho, sino que hará más labores de consultor, ayudándole con el inglés que necesita para desarrollar su trabajo día a día.Al final del curso académico pasará algo paradójico, estoy seguro de que el alumno habrá aprovechado el curso, y también de que a nivel académico no habrá mejorado de nivel. Es posible que si nuestro hombre pasase una prueba de nivel el resultado arrojase un progreso marginal, o acaso ninguno.

Y sin embargo, el curso habrá logrado sus objetivos. Nuestro director financiero habrá aprendido a utilizar mejor el inglés que ya sabe, su pronunciación será más clara, y podrá realizar una presentación y trabajo con relativa confianza y desenvoltura.

Y ahora ¿Cómo medimos el aprovechamiento? (Por cierto, ¿Qué fue del modelo Kirkpatrick tan cacareado hace solo unos años?)

Por supuesto la historia tiene truco. La percepción del alumno si va a ser la de haber realizado un progreso considerable, con lo que sinceramente, no me atreví a dar la respuesta correcta a la directora de formación.

Pero este ejemplo nos sirve como reflexión a la hora de idear una estrategia para evaluar el ROI en la formación. Claro que eso será para otro artículo…

 

David Warner

Director ASTEXPRO

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