Blog de Formacion Idiomas Astex. Te mantenemos informados de todas las novedades relacionadas con la formación en idiomas.
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Cursos de inmersión en inglés, ¿por qué?

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Todavía parece haber bastante confusión a la hora de definir qué es un curso de inmersión. El término de por sí, parece que evoca más una película de submarinos, que un sistema de aprendizaje.

De modo que vamos a empezar por el principio y vamos a explicar a qué nos referimos con un curso de inmersión.

Para que un curso califique como un curso de inmersión debe cumplir con estos dos requisitos:

-          Alta carga lectiva (al menos siete horas de clase diarias)

-          Ser residencial y mantener una completa exposición al idioma durante al menos 12 horas al día

Siendo así. Los siguientes modelos de curso muy populares en nuestro país NO califican como curso de inmersión.

-          Un curso intensivo de inglés de 8 horas lectivas al día en tu academia habitual

  • Posiblemente un excelente curso, pero al terminarlo vuelves a tu casa donde seguirás haciendo tu vida en castellano

-          Un curso de Business English en Inglaterra de cinco horas de clase por la mañanas

  • Puede parecer una inmersión lingüística pero no lo es, ya que todo el tiempo libre, por lo general toda la tarde, no está siendo monitorizado por los profesores, con lo que al final deja de ser tiempo de aprendizaje y es más de vacaciones.

-          Una convivencia con hablantes nativos en un pueblo remoto de España

  • Quizá esta opción se va al otro extremo. Efectivamente es una inmersión, pero no un curso, y para realizar un aprendizaje real hace falta cierta metodología.

Dicho lo cual, cada uno de ellos tiene su sitio, y puede que en tu caso concreto sean una magnífica opción formativa. Por lo tanto, ¿por qué esa insistencia en cursos de inmersión?

La razón principal es el alto rendimiento que se obtiene a una inversión de tiempo de apenas una semana. Los cursos de inmersión lingüística de ASTEX van de domingo por la noche a viernes a mediodía, y en ese tiempo incluyen unas 35 horas de clase, y otras 30 de contacto social en inglés con los profesores. ¡Más de lo que conseguirías en un año entero de clases! Las clases en si están perfectamente engarzadas unas con otras y se enfocan al inglés profesional.

No existe una píldora mágica para aprender un idioma, pero si algo se le parece sería un curso de inmersión.

Para saber más, pincha aquí.

 

David Warner

¿Clases de inglés baratas?

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Mientras comía con un amigo me hizo notar una curiosa paradoja. Hablábamos de cómo la crisis nos ha afectado a unos y a otros, y luego me señaló que en mi caso, yo estaba bien posicionado al estar en el mercado de formación en idiomas.
“A fin de cuentas- me dijo -, a los españoles les gusta tener clases de inglés”. Luego pausó y añadió con sonrisa socarrona, “otra cosa es que quieran aprender”.

Me pareció una ocurrencia divertida, pero acaso no tan alejada de la realidad. Simplemente introduce en un buscador de internet la cadena de búsqueda “clases de inglés” y el propio buscador propondrá complementarla con las coletillas “baratas” o “gratis”, indicando que estos son los términos más buscados. Acaso mi amigo tuviera algo de razón…

Pero señala un error de concepto fundamental. No todas las clases de idiomas son iguales; no todos los profesores de idiomas enseñanza igual y no todas los centros de enseñanza ofrecen la misma calidad. Y el dicho español que tanto oigo aplicado a otros campos de la vida, aplica a este también: “Lo barato sale caro”.

En realidad la inversión más costosa a la hora de realizar un programa de formación en idiomas ya la has hecho. No es el dinero, sino el tiempo. Y ya que estás haciendo ese sacrificio, mejor rentabilizarlo con un programa de formación de calidad. La idea de recibir clases de idiomas baratas solo sirve para lo que decía mi amigo, para tener la sensación de que uno está haciendo algo por su formación y acallar su conciencia, pero es poco efectiva. Y el resultado final será otro año perdido sin haber aprendido y habiendo pagado relativamente poco dinero, pero sin resultado alguno.

Si lo que quieres es aprender un idioma, no solo recibir clases, déjate asesorar por un profesional, que te ofrezca una opción conveniente. No va a ser gratis, posiblemente tampoco sea barato, pero será mejor que eso. Será rentable.

Ya no hay café para todos

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David Warner,
director de Astex

En lugar de escribir un artículo, me he permitido compartir con ustedes las reflexiones sobre la formación en idiomas de una conocida directora de formación de un importante grupo bancario. Sus opiniones han aparecido en Equipos & Talento en ocasiones precedentes. Creo que será útil y acaso un espejo en el que mirarse.

Todo comenzó hace unos doce años. Uno de nuestros directivos solicitó clases de inglés. Alegaba nuestro hombre que el mundo de las finanzas se movía cada vez más en inglés, y como él pertenecía a la generación que había estudiado francés en la escuela, temía hacer el ridículo en las reuniones internacionales a las que asistía, de modo que nos pedía ayuda. A decir verdad, tampoco había tantas reuniones internacionales, y por entonces, considerábamos que quienes tenían que saber idiomas eran las secretarias. Los directivos estaban para decidir, no para “hablar en lenguas”.

Pero precisamente porque se trataba de un directivo importante, y en atención a su jerarquía, se decidió ofrecerle una clase de idiomas en su despacho, siempre que no fuese en horas de trabajo. Una vez aprobada la clase, nuestro directivo acudió a nosotros nuevamente: “¿Podía incluir en la clase a su secretaria? –nos consultó–. A fin de cuentas, ella también tenía que practicar su inglés”.

Accedimos, sin darnos cuenta de que estábamos poniendo en marcha una gigantesca bola de nieve. Otros directivos, al grito de “¿por qué él sí, y yo no?” también solicitaron (casi exigieron) clases de inglés para ellos y para sus equipos.

A fin de evitar agravios comparativos entre el ya numeroso grupo que recibía clases de inglés y los que no, se decidió pasar una comunicación interna a todos los empleados, explicando que la empresa sufragaría la formación en idiomas de todos los que lo quisieran, siempre y cuando la formación se realizase fuera de horas de trabajo.

De nuevo un error. Solo en el primer año tuvimos que atender más de 250 solicitudes (casi 50 grupos, aparte de las clases particulares para directivos). De todos modos, el director de Recursos Humanos estaba contento. “Con tanta gente aprendiendo inglés, seremos una empresa bilingüe en solo un par de años” decía, lleno de optimismo. Como el comité de dirección daba tanto apoyo a las clases de inglés, no se descartaba ninguna solicitud. Allí teníamos en el mismo grupo, a una recepcionista y un director de área; en otro grupo a dos informáticos, con un contable y un gestor de patrimonios. La verdad es que cuando miro atrás, me horroriza pensar en la cantidad de horas de trabajo que invertimos (por no hablar de dinero) para obtener resultados tan pobres.

Durante los primeros años, no hacíamos más que organizar clases de idiomas, sin saber muy bien por qué, ni qué resultados se estaban obteniendo. Finalmente, hace unos años encargamos el proyecto de formación en idiomas a una consultora seria. En poco tiempo nos empezó a traer datos que nos hicieron pensar. El absentismo en nuestra empresa era superior al 30%; por lo que me dijeron, ésta es una cifra bastante normal, ya que muchos de los participantes tienen compromisos fuera de su horario habitual. Aparte del gasto que eso suponía, así era imposible que los cursos tuviesen la continuidad necesaria. No es de extrañar que año tras año los participantes en el programa de idiomas siguiesen estancados en el mismo nivel con el que habían comenzado. ¿Pero es que no había manera de progresar?

Lo que me dijeron desde la consultora fue que para que tuviera éxito y no fuera percibida como un simple beneficio social, la formación en idiomas debía plantearse con el mismo rigor como planteábamos cualquier otra acción formativa.

–¿Qué hacéis cuando tenéis que formar a vuestros empleados en un nuevo producto bancario, o una nueva aplicación informática? –me preguntaron
–Lo habitual es convocarlos durante dos o tres días y realizar la formación fuera de la oficina, en un hotel o en un centro de formación –expliqué
–¿Y a quienes convocáis? ¿A todos los que quieren ir?
–No, claro que no. Solo a quienes lo van a necesitar–, respondí con cierta perplejidad ante una pregunta tan obvia.
–¿Y por qué no hacéis lo mismo con los idiomas?

Se me encendió una bombilla. Si queríamos pasar de utilizar la formación en idiomas como un simple beneficio social, como lo era la máquina de café, o los descuentos en el gimnasio de al lado, y convertirla en verdadera formación estratégica, teníamos que replanteárnoslo todo otra vez desde el principio.

Afortunadamente, el comité de dirección respaldó nuestra propuesta, y dimos un auténtico vuelco a las clases de idiomas. Cancelamos las clases regulares por completo. Solicitamos de cada responsable de departamento una lista de las personas que realmente necesitaban utilizar idiomas en cada área. Organizamos una prueba oficial (del tipo Bulats o TOEIC) para todas ellas. Y finalmente nos decidimos por una modalidad concreta de formación. En nuestro caso, cursos intensivos sobre un tema específico de tres días completos de duración en dos o tres sesiones anuales.

El nuevo sistema nos ha permitido reducir el absentismo casi por completo, optimizar el tiempo de nuestros empleados, darles formación de mayor calidad y más ajustada a lo que necesitan, y, como beneficio adicional, nos ha permitido “hacer equipo”, ya que a estos cursos asisten empleados de toda España que por lo general no se conocen entre sí, y que al terminar el curso suelen haber entablado relaciones de trabajo muy útiles. Y sobre todo, nos ha permitido controlar mejor nuestros gastos.

La diferencia con el sistema que seguíamos antes es abismal. Aquello era como el proverbial “café para todos”. Bueno, lo del “café para todos” se ha acabado, y más de uno de los que se aferran al pasado nos lo ha reprochado. Por el contrario, en la empresa tenemos la sensación de haber dado un salto adelante en la formación en idiomas. Nuestras expectativas son más realistas que cuando empezamos, pero también más alcanzables. Y quienes participan en esta formación lo hacen sabiendo que les reportará a ellos y a la empresa un beneficio inmediato”.

Hasta aquí las reflexiones de la directora de Formación de este grupo bancario. Nos gustaría que, por lo menos en lo que se refiere a innovar, ésa fuese también la experiencia de usted, el lector. Si, por el contrario, en su empresa, la formación en idiomas se organiza igual que hace diez años, ya va siendo hora de plantearse un cambio ¿no le parece?

El aula virtual ya está aquí, ¿pero es para ti?

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Casi sin darnos cuenta nuestro mundo se ha ido moviendo progresivamente al entorno virtual. ¿Os acordáis cuando hace solo unos años íbamos a una agencia de viajes para reservar un hotel? Hoy eso es casi inconcebible. Compramos y vendemos, consultamos nuestras cuentas bancarias, vemos las noticias, nos relacionamos con amigos distantes y hasta hacemos nuevos amigos en la red.

Y sabemos que con el tiempo nuestra propia formación no va a ser una excepción. Pero esto de un aula virtual ¿no suena demasiado futurista?

Mejor comenzar entonces explicando lo que es un aula virtual.
Imaginemos la siguiente situación. El miércoles a las 8:30 tienes tu clase habitual de inglés. Te juntas en una sala de reuniones, junto con otros tres compañeros de trabajo. A las 8:30 en punto llega tu profesor y comienza la clase. Hasta aquí todo normal, y por cierto perfectamente factible (la clase presencial sigue teniendo su lugar, pincha aquí para ver más información).

Pero tu empresa es una multinacional. Destina a uno de tus compañeros a una sucursal fuera de España, tú eres ascendido y ya no estás en el mismo edificio, y un tercero de los participantes tiene que viajar constantemente. ¿Significa esto que la clase se desintegra?

No necesariamente. Ahora en lugar de ir físicamente a una sala de reuniones, el programa de clases continúa en una dirección web a la que acceden todos los participantes sin importar dónde estén ubicados. Tu profesor, que bien pudiera ser el mismo que en el escenario anterior, utilizará una pizarra virtual sobre la que ir colocando el material de clase, así como videos, audios o ejercicios interactivos. En realidad estamos hablando de la misma clase en grupo que hemos dado siempre, pero on-line, con lo que las dificultades ocasionadas por diferencias de ubicación, viajes, etc dejan de ser relevantes.

¿Conseguirá la clase virtual reemplazar del todo a la clase presencial? Lo dudo. Siempre que nos sea posible, el ser humano prefiere interactuar cara a cara. Pero también es verdad que no tiene sentido sostener que si no es posible recibir una clase presencial no existe otra alternativa viable. Lo que es más, varas empresas (todas del ramo tecnológico, hay que decir) ya están ensayando una modalidad mixta. Los alumnos que pueden asisten físicamente a la sala desde la que se desarrolla la clase y los que están de viaje se conectan de forma virtual. Acaso sea este el modelo que seguiremos todos dentro de poco.

En todo caso. Es cierto, el aula virtual ha llegado para quedarse, y seguro que tú estarás interesado en probarla.
Si quieres recibir una clase gratis, házmelo saber y la organizamos.

David Warner
Director
ASTEXPRO

Inmersión en inglés en España

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Me hago eco de unas declaraciones del ministro Wert en las que menciona que para realizar un curso de inmersión en inglés no hace falta irse a Nueva Zelanda  sino que se puede obtener el mismo resultado sin salir de España. (más…)

Vale, ya sé inglés. ¿Empiezo con otro idioma?

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interrogante1 (2)

Curioso planteamiento pero se me ha presentado en más de una ocasión. Y la respuesta es…. Que sí, por supuesto o  que no, por supuesto.

Y antes de que parezca que no estoy diciendo nada, paso a explicarme. En realidad depende de si la premisa de la que partimos (“Ya sé inglés”) es correcta. (más…)

“Los japoneses no lloran” ¿Y nosotros?

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Este fue el sugerente título de la jornada patrocinada por ASTEX en colaboración con AEDIPE que tuvo lugar este pasado 8 de junio.

A raíz del reciente terremoto en Japón, los ponentes, Tomás Zumárraga y Carlos Hernández, explicaron algunas características de la filosofía japonesa y en que sentidos haríamos bien en fijarnos en ellos como ejemplo.
Una de las cosas que más me llamó la atención es que la cultura japonesa tiende a reprimir las expresiones de sentimientos negativos al objeto de no afectar a los demás. Hay que reconocer que en ese sentido son un modelo de solidaridad.

Se comentó también que en la cultura occidental cuesta aceptar responsabilidad, muchas veces porque, para nosotros, la responsabilidad se equipara con culpabilidad. Este es un dato que me pareció interesante con referencia al aprendizaje de idiomas, porque encontramos fácilmente a quien busca excusas (las ya sabidas: “Nunca me enseñaron”; “Yo aprendí otro idioma”; “Es que se me dan muy mal”) y con eso se contenta y cree que así queda eximido de la responsabilidad de corregir su problema.

A continuación, os paso algunas fotos del evento.

Uno de los asistentes hojea atentamente la información de ASTEX antes de comenzar la ponencia.

Tomas Zumárraga explica algunas de las diferencias entre la cultura japonesa y la española. Destacó la resiliencia, y el espíritu de equipo.
Tomas Zumárraga

Durante la jornada se sorteó un curso de inmersión en inglés. El ganador fue Antonio Arteseros director de RR.HH. de MMT, que en la foto posa junto con David Warner (de ASTEX) y María Jesús Perez (de AEDIPE).

ganador sorteo

Cursos Ingles

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Curso Ingles

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Cursos de idioma en el extranjero

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